lunes, 19 de septiembre de 2016

La gesta de Guzmán el Bueno, caballero de León

Monumento a Guzmán el Bueno en León

Don Alonso Pérez de Guzmán, hijo de D. Pedro de Guzmán, Adelantado mayor de Andalucía, nació en León en 1256, cuatro años después de haber empezado a reinar el célebre Alfonso X el Sabio. No empezó a distinguirse hasta el tiempo de la invasión que hicieron en Andalucía los Berberiscos, acaudillados por Abenjucef, Rey de Marruecos. Él se halló en las batallas al lado de D. Diego López de Haro, que fue entonces el escudo del Estado: él ajustó las treguas que se hicieron con el Rey bárbaro; y él fue en fin quien en los torneos, que se hicieron en Sevilla de resultas de esta negociación, se llevó la palma de la bizarría.

Un hermano suyo, envidioso de su gloria, se atrevió un día a echarle en cara delante del Rey la falta de su nacimiento.* La suerte había hecho a Guzmán hijo natural y no legítimo: sonrojado por el insulto replicó con viveza; y enojado al fin de que el Rey no le honrase en aquella ocasión como sus servicios merecían:

Yo me iré —dijo— a buscar entre los extraños la honra que en mi patria se me niega: desde hoy me desnaturalizo; y no volveré a ella sino requerido y buscado por vos mismo. 

Quiso Alfonso reducirle, pero no pudo: y de allí a pocos días se pasó al África acompañado de otros caballeros; donde se ofreció a servir al Rey Abenjucef en todas las guerras que no fuesen contra cristianos. El valimiento, el poderío y la gloria que se granjeó en aquel país con sus ilustres hechos, volaban por toda España; al tiempo que Alfonso el Sabio, Príncipe a quien su siglo feroz no merecía, se vio desposeído de sus estados, y despojado de su autoridad por la facción de los Grandes, a cuya frente estaba su desconocido hijo, el ambicioso Sancho. En tal desastre acudió a Guzmán para que moviese en su socorro las fuerzas africanas. ¿Dónde estaba entonces aquel cortesano que fiero con una ventaja que no era suya, se atrevía a tachar la bastardía del nacimiento de Guzmán? Éste voló generosamente al socorro del Rey desvalido; trajo primeramente muchos tesoros para la guerra, y después un ejército de moros mandado por el mismo Abenjucef. Y si tantos refuerzos no bastaron a restablecer a Alfonso, sirvieron sin embargo a contener el fuego de la sedición, a asegurar aun las fuerzas que quedaban al Rey, y a establecer una especie de equilibrio entre los dos partidos.

Guzmán abandonó el África en el año 1291, en que descontento de los berberiscos y llamado por el Rey de Castilla Sancho IV, se restituyó a España con los compañeros de sus trabajos.

Desde entonces el Estado no tuvo defensor mas grande ni el Rey mejor vasallo. Los moros incitados por el turbulento Don Juan, hermano de Don Sancho, amenazaban de invadir otra vez la Andalucía. Guzmán se encargó de quebrantar su ímpetu, defendiendo a Tarifa ganada poco antes de ellos. Encerróse en esta plaza, y los enemigos acaudillados por el Infante apuraron para rendirla cuantos medios enseñó la guerra y les dictó su animosidad. Mas viendo inútiles todos sus esfuerzos, apelaron a un arbitrio horrible, que aun leído hace estremecer. Tenia el Infante en poder suyo al hijo único de Guzmán. Llamó al padre, y presentándole el niño, le intimó que rindiese la plaza, amenazándole con la muerte de su hijo si no lo hacía. El asalto era terrible; pero Guzmán sin vacilar, respondió:

La vida de un hijo no es bastante a obligarme a que mancille mi virtud: si os falta cuchillo para ejecutar vuestra saña, allí va el mío. 

Dicho esto arrojó a los bárbaros su puñal, y se bajó del muro. Ellos sacrificaron aquella víctima inocente a su venganza, y a pocos días levantaron el sitio sin mas fruto que el de haber dado al mundo un ejemplo de ferocidad execrable, y ocasión a Guzmán para desplegar su admirable patriotismo.

La fama de este hecho llenó toda España, y llegó al Rey Sancho, que derramando sobre Guzmán privilegios y mercedes sinnúmero, se confesaba impotente a galardonar aquel servicio. Entonces fue cuando le puso el sobrenombre de Bueno; que su humanidad y virtudes sociales acabaron de consagrar; y que los siglos siguientes recordando en él su carácter casi divino, pronuncian siempre con una especie de religión.

Don Sancho cercano a morir, y viendo ya las tempestades que iban a romper contra su heredero que dejaba en la primera infancia; llamó a Guzman y le dijo:

Partid vos a Andalucía, y mirad por Sevilla: mantenedla por mi hijo, que yo fío que lo haréis como bueno que sois. 

Con efecto, la franqueza, la capacidad y el valor del héroe, unidos a la prudencia singular de la célebre Reina Doña María, sostuvieron la corona en las sienes de Fernando IV contra las conspiraciones de adentro y las invasiones de afuera, que se desataron a un tiempo en ruina del Estado creyéndole indefenso.

La muerte de Guzmán sucedió desgraciadamente en el año de 1309. Había conquistado Gibraltar mientras que el Rey Fernando sitiaba Algeciras: y tirándose después por las sierras de Gaucín, pereció a manos de los moros en encuentro que tuvo con ellos.


Tomado de la obra Retratos de los Españoles Ilustres (1791)

Palacio de los Guzmanes en la calle Cid de León, situado
junto a la Basílica de San Isidoro, erigido en el lugar en el
que nació Guzmán el Bueno. La placa de la fachada reza así:
AQUÍ NACIO GUZMAN "EL BUENO" 1256-1309.
VII CENTENARIO DE LA "GESTA DE TARIFA".
EXCMO AYUNTAMIENTO DE LEON. 21-6-1994

* Nota: Nuestro paisano don Joaquín Cuevas Aller cuestiona en este artículo que Guzmán el Bueno fuese hijo ilegítimo y afirma que en realidad era hijo legítimo de Doña Urraca Alfonso, hermana del Rey Fernando III. Las ridículas afirmaciones de que Guzmán el Bueno era moro, hechas sin fundamento alguno por doña Luisa Isabel Álvarez de Toledo (duquesa de Medina Sidonia e indigna descendiente de Guzmán el Bueno), no merecen mayor comentario por nuestra parte.

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